martes, mayo 21, 2013
Galletas Bretonas, receta original francesa.
Cuando me preguntan qué tipo de repostería hago o me gusta más siempre me viene a la cabeza en primer lugar la magnífica y delicada pastelería francesa.
Ser capaz de dominar las técnicas dictadas, la precisión y regularidad, aunque solo sea haciendo un bizcocho genoise o una compleja tarta Ôpera... te llena de orgullo y satisfacción, que diría aquel.
Por eso, cuando el otro día me tropecé con una verdadera "biblia" de los postres presentada nada más y nada menos que por el magnífico Master Chef Pierre Hermé, no pude más que abrirla y notar un halo de luz sobre mi cabeza...
Y cada vez que lo abro me sorprendo de lo mucho que adoro este libro. Haré muchas cosas y empiezo por unas sencillas pero deliciosamente irresistibles galletas bretonas, originales de la zona de la Bretaña francesa, receta de Postres, Pierre Hermé.
Ingredientes para unas 20-25 galletas
130 gr. mantequilla
135 gr. azúcar glás
2 gr. sal
1 huevo
230 gr. harina
7 gr. levadura en polvo
1 cucharadita de vainilla (opcional)
Elaboración:
1. Ablandar la mantequilla y mezclarla con el azúcar y la sal. Añadir el huevo y amacar algunos minutos con una cuchara de madera. Incorporar aquí la vainilla si gustamos. Verter la harina, tamizada con la levadura, y amasar hasta que la masa quede homogenea.
2. Formar una bola, envolver en film y dejar reposar 1 hora en un sitio fresco.
3. Cortar la masa en 4 trozos. Hacer con cada uno un cilindro de 3-4 cm de diámetro y cortarlo en rodajas de 1 cm de grosor. Para mantener la forma, debe manipularse la masa en frio, si no, se ablandará y perderá la forma redondeada.
4. Poner estos discos en una bandeja con papel sulfurizado o un silpat y meterlos 1 hora en el frigorífico.
5. Precalentar el horno a 200ºC y hornear 10 minutos o hasta que estén doraditas. Sacar y dejar enfriar.
Y a merendar! Estas galletas están deliciosas con una crema inglesa, una mousse de chocolate o un helado o sorbete!
Cómo huele la casa!
viernes, mayo 10, 2013
Afghans Biscuits y el final de mi periplo por Aotearoa (III).
Hace ya unas semanas que volví de Nueva Zelanda.
Hace unos años que llevaba intentando llegar hasta allí, creanos un hogar, un futuro. Aquella tierra hermosa y rica nos demostró, durante el tiempo que estuvimos allí, que su tierra es única en el mundo y sus aguas las más remotas desde dónde ahora escribo, las más hermosas y ricas del planeta.
Habíamos quedado en las últimas entradas en que la sorpresa había sido mayúscula y terrorífica al comprobar que la fama de buena gastronomía de la "Tierra Media" había sido alterada por los gustos de los colonos europeos que campan a sus anchas en aquella tierra arrancada al océano, primero por los maoríes del pacífico y luego por los conquistadores británicos allá por el 1800...
Nuestro gozo en un pozo. Tanto esfuerzo, trabajo y dinero invertidos para llegar a la conclusión de que, hoy por hoy, nuestro destino aún -si, AÚN- no estaba en Wellington, ciudad capital de Nueva Zelanda y donde residen nuestros corazones desde nuestros primeros pasos por sus caminos, dos años atrás...
Y así, derrotada y deprimida, me dió por pasear por los puertos y las calles llenas de cuestas, gatos felices y exótica frondosidad para recapacitar acerca de qué iba a hacer el resto de mi vida si haber llegado hasta Nueva Zelanda no había sido suficiente para encontrar mi sitio.
Y de alguna manera, soltando el peso de la culpa empezé a verlo todo más hermoso, a disfrutarlo todo al máximo y a encontrar cosas que hasta encontes no me había permitido, como gatos por doquier (es el país con más gatos por ciudadanos, vigilados por la ley pues, al no haber grandes depredadores en toda la isla, son los mininos los que han acabado con la mayor parte de las aves autóctonas neozelandesas! Son muchos, son gordos y están confiados! jejeje).
Y así visitamos el norte de la isla sur, cruzando el estrecho de Hook en el querido interislander, como viajamos en bus -no hay otra forma- hacia el norte de la isla norte quedándonos en el paradisíaco Lago Taupo -con su increíble tallado maorí en el centro del lago- y las cataratas Huka...
También paseamos por su ensenada y su puerto y sus montes... El puerto era nuestro lugar de peregrinación cada día. Daba igual como hubiera ido en la escuela de inglés, en las entrevistas de trabajo, en los tramites de cada día... Al final, el puerto siempre nos reconfortaba.
Cuando en una de estas descubrimos Arobake, en el barrio Aro Valley. Era la primera vez, en tanto tiempo, que veía una tienda que se llamara a sí misma "bakery-patisserie". Y no solo nos la encontramos, es que cuando lo hicimos, un grupo de jazz estaba improvisando en su piso superior -cosa común como ya os he dicho anteriormente, que allí son muy de tocar en la calle, a cualquier hora-. Pero es que era increible!
Y al día síguiente, cuando volví fué más increíble todavía! Pasteles tradicionales, Carrot Cakes, Red Velvet cakes! Cupcakes, galletas, semillas, harinas, panes, PANES!! Unos panes increíbles que ya habiamos dado por inutil encontrar... Aunque no buscaban a nadie para trabajar, tuve la suerte de poder charlar con algunos chicos y me contaron que Arobake es una empresa familiar, de gusto por la buena alimentación y pude ver que no les iba nada mal dado que cada día abrían con los mostradores como ya veis y al medio día ya lo habían vendido todo!
Es en esta última foto cuando más me sorprendí. Seguro que podeis reconocer algunas piezas como unos mini carrot cakes, tartaletas de chocolate y vainilla, lamingtons de chocolate... y dos biscuits que me sorprendieron y que resultaron ser tradicionales allí, las Belgium Biscuits (las del glaseado rosa con sprinkles) y las Afghans Biscuits (abajo, con una nuez encima). Me enamoré de ambas, no sabría elegir! Y supe que tenía que pillarme un recetario tradicional neozelandes, si es que acaso eso existía...
Y así era! El Edmond's Recipe Book! El libro más veces editado y vendido a lo largo de la historia civilizada del país! Os dejo aquí una miniversión en pdf bastante graciosa.
Así, nada más llegar, ya en casa y tras un par de semanas de jetlag horroroso -horripilante y terrorífico, en serio, que no os cuenten milongas, una diferencia horaria de 12 horas es un jetlag demencial!!- y eso, que me puse manos a la obra.
Afghans Biscuits (tradicionales de Nueva Zelanda y Australia):
200 g mantequilla
1/2 cup azúcar
1 1/4 cup harina normal
1/4 cup cacao en polvo
2 cups de cornflakes (si si cornflakes, tal cual)
Nueces para decorar
Batir la mantequilla con el azúcar hasta que este cremosa, tamizar la harina y el cacao juntos e incorporar a la masa. Verter entonces los copos de maiz y amasar con las manos bien, aprentando sin miedo a romper los cereales. Es una galleta frágil por lo que cuanto más se amase (sin pasarnos, que se nos derrite) más consistencia tendrá.
Dividir en pequeñas bolas que aplastaremos un poco y las pondremos separadas unas de otras en una bandeja para el horno.
Precalentar el horno a 180º y cocer 15 minutos.
Cuando estén frias, cubrir con un poco de glaseado de chocolate, una buttercream, la mezcla que más os guste. Incluso nutella sola le vienen de lujo. Y coronar con media nuez.
Están buenas sin cobertura, tal cual, pero están mucho mejor con el glaseado de chocolate! Textura crujiente y diferente y la nuez ya... buff! Le dije a mi marido que se las llevara todas al trabajo y me dijo que no... menos mal!
Y así, llego al final provisional de esta historia, breve y personal como ella sola, de como una chica del sur de España lo dejó todo por ver cambiar el color de los montes de la Tierra Media.
Pero, aunque todavía no ha podido ser, no me rindo. Nuestros corazones se quedaron allí, en las rocas del Wellington Harbour, junto a la estatua en honor de aquellos que llegan a esa hermosa tierra buscando la felicidad...
Ya volveremos a vernos, Windy Welly...
lunes, abril 29, 2013
Strawberry Yoghurt Mousse Cake!
Hago un alto en el camino de Aotearoa para darle paso a una receta que
nació como una cosa, luego se torció y pasó a ser otra aún más genial
que la original! El Strawberry Yoghurt Mousse Cake!
Fresas, fresas everywhere!
Fresas, fresas everywhere!
Y es que tengo el reto personal de prácticar y hacer cuántas recetas me sea posible durante la semana, practicar mucho y no olvidar todo lo aprendido en los últimos años, incluidas las recetas de Le Cordon Bleu, dado que estoy en un stand-by ahora mismo, no quiero perder práctica.
Así, me dije, ¿porqué no hacer, con los limitados medios de una cocina normal, una de las tartas que más problemas me dió? Así me propuse hacer una tarta Fraisier.
Fresas, creme mousseline, creme patissiere, genoise y mucha nevera... Un reto si llevas más de tres meses si pisar la cocina!
Pero dado que la creme patissiere no me gusta demasiado y que mi nevera no es un abatidor, la receta fué variado para crear una mousse de yogur, en lugar de una mousseline de vainilla.
Y no le doy más vueltas, vamos con la receta!
Bizcocho Genoise:
4 huevos
20 gr yema
120 azucar
120 harina
15 mantequilla
Metodo:
1. Blanquear los huevos, la yema y el azucar en un bol, llevar a baño maría, sin dejar de remover con una varilla hasta que alcance la temperatura de 50-55ºC. Llevar entonces esta mezcla a la batidora electrica y batir entre 10-15 minutos hasta que se enfrie y en los que la mezcla se irá montando.
2. Derretir la mantequilla y verterla en nuestra mezcla cuando esta se haya enfriado (45-50º), sin remover ni tocar, solo verter sobre la mezcla.
3. IMPORTANTE: Tamizar la harina muy suavemente sobre la mezcla en 2 veces. Debe hacerse sin golpes, suavemente, para que nos baje el bizcocho. Incorporaremos cada vez con movimientos de espátula envolventes, suaves, procurando no meter aire ni sobremezclar, apenas unos pocos movimientos de muñeca. Integrar toda la harina del mismo modo. Jamas sobremezclar ni golpear el bol.
4. Verter en un molde de 18 cm. rellenando las 3/4 partes.
5. Llevar a horno precalentado, 180º 20 minutos. No debe hundirse en el centro ni tener chepa si se hace bien. Si no, siempre podemos igualarlo con un cuchillo ya que es un bizcocho que sube mucho y utilizaremos 2 capas.
3. IMPORTANTE: Tamizar la harina muy suavemente sobre la mezcla en 2 veces. Debe hacerse sin golpes, suavemente, para que nos baje el bizcocho. Incorporaremos cada vez con movimientos de espátula envolventes, suaves, procurando no meter aire ni sobremezclar, apenas unos pocos movimientos de muñeca. Integrar toda la harina del mismo modo. Jamas sobremezclar ni golpear el bol.
4. Verter en un molde de 18 cm. rellenando las 3/4 partes.
5. Llevar a horno precalentado, 180º 20 minutos. No debe hundirse en el centro ni tener chepa si se hace bien. Si no, siempre podemos igualarlo con un cuchillo ya que es un bizcocho que sube mucho y utilizaremos 2 capas.
6. Sacar del horno y dejar enfriar en el molde 5-10 minutos. Luego sacar a rejilla y dejar enfriar por completo.
Mouse de yogur de fresas:
220 gr. de puré de fresones (procedentes de Huelva, lavados, cortados, troceados y hechos puré. Y digo Huelva como puedo decir Valencia, eh? Producto nacional, de nuestros campos!)
140 gr. de yogur de fresa no desnatado
45-75 gr. de azúcar (yo utilicé 60 gr., depende de lo golosos que seais)
300 gr. de nata para montar (35% de grasa, bien fría)
1 sobre de gelatina neutra en polvo (unos 12 gr. o entre 6 y 7 láminas de 2gr/cada una)
40 ml. de agua caliente
Para decorar
Para decorar
5 o 6 fresones bonitos para decorar
Brillo pastelero o gelatina (esto sirve para enbadurnar las fresas y que queden brillantes y bonitas -y que aguanten más tiempo sin estropearse-).
Licor o jarabe de fresas (opcional, para bañar el bizcocho).
Método:
Licor o jarabe de fresas (opcional, para bañar el bizcocho).
Método:
1. Mezclar en un bol grande el puré de fresas, el azúcar y el yogur de fresa.
2. Disolver la gelatina en los 40 ml. de agua caliente, dejar 5 minutos. Verter un poco más de agua si fuera necesario, remover hasta disolver los grumos y dejar enfriar.
3. Montar la nata casi al punto en un bol aparte.
4. Mezclar la gelatina con nuestro puré de fresas.
3. Montar la nata casi al punto en un bol aparte.
4. Mezclar la gelatina con nuestro puré de fresas.
5. A paletadas y suavemente, emulsionar nuestra nata casi montada con nuestro puré. Movimientos envolventes y procurando no perder el cuerpo de la nata en el proceso. En dos o tres veces se habrá añadido toda. Reservar en frio.
Montaje final:
Montaje final:
1. Tendremos preparado un aro de 20 cm. Esto es importante. Debe ser más ancho que el bizcocho. Por la parte de dentro colocaremos un acetato pegado a los bordes todo lo posible. Si no disponemos de acetato, podemos utilizar papel sulfurizado, el tipico papel de horno Hacendado sirve. Debe ser un tipo de papel que permita sujetar nuestra mousse para que enfrie y cuaje, sin que se pegue y sin que deje extraños pliegues, ok?
Ah, y una bandeja! Sobre esta reposará nuestra tarta y no se nos saldrá por debajo! ^__^
2. Cortaremos nuestro bizcocho frio en dos capas (pueden ser tres si lo habeis hecho bien y quereis que os quede muy alto, pero las capas deberán ser finas), de 1 cm de alto cara una, lo más rectas posibles. Ayudaos de reglas, listones o lo que querais. Y bueno, si no quedan iguales, tampoco es para tirarse por la ventana!
3. Procedemos al montaje. Sobre la bandeja, el aro y el acetato. Colocar la primera capa del bizcocho en el interior de nuestro aro (con el acetato/papel puesto), justo en el centro. Debe quedar como 1cm alrededor entre el bizcocho y el aro.
4. Con una paleta o cuchara, verteremos un poco de nuestra mousse de fresas encima, igualando la cantidad y más o menos de 1 cm de alto, lo mismo que el bizcocho.
4. Con una paleta o cuchara, verteremos un poco de nuestra mousse de fresas encima, igualando la cantidad y más o menos de 1 cm de alto, lo mismo que el bizcocho.
5. Colocar entonces la segunda capa de bizcocho nivelándolo todo lo posible. En este momento podeis añadirle el licor de fresas al bizcocho si os apetece. Yo no lo hice porque suele estar muy dulce y no quise restarle sabor a la suave mousse de fresa.
6. Verter de nuevo más mouse, igualar. Si vamos a poner una tercera capa, es el momento.
7. Verter el resto de la mousse. Distribuir desde el centro hacia fuera, rellenando los bordes de nuestra tarta por completo, de forma constante pero suave, con una espátula. Nivelar todo lo posible en la parte superior. Si os queda algo rugoso, no problem, luego pondremos las fresas decoradas ^__^
8. Llevar nuestra bandeja con nuestro montaje a la nevera. Debemos dejar enfriar nuestra mousse y que la gelatina actue. Necesita como mínimo 4 horas! Recomendable dejarla de un día para otro! Resistid! Sé que querreis probarla en ese momento, que querreis desmoldarla antes de tiempo! Pero aguantad, si sacais el aro antes de tiempo la tarta se desparramará! Lo ideal es dejarla toda la noche en la nevera!
9. Para desmoldarla al día siguiente, recomiendo utilizar un soporte porta tartas de cartón con el mismo diametro que nuestra tarta, colocarlo bajo nuestro aro y tirar de este hacia abajo muy suavemente. Si ha cuajado y el acetato/papel hacen su trabajo, no tendreis problemas en retirarlo límpiamente. Apoyad la tarta en algún soporte tipo vaso de cristal o algo así. IMPORTANTE: NO SACAR EL MOLDE HACIA ARRIBA! Siempre hacia abajo! Si no, podemos estropear todo el trabajo!
10. Plantar la tarta en el plato o soporte final de presentación.
11. Lavar las fresas reservadas para decoración y bañarlas con brillo o un poco de azúcar glas (o podeis dejarlas tal cual ^__^) y colocarlas sobre la tarta de forma decorativa!
Lista!
Una tarta suave, fresca, con frutas de temporada y muy muy rica!
Dudas, preguntas o consultas, escribidme!
Yo me quedo aquí, comiéndome un cachito de tarta... Ñam!
viernes, abril 26, 2013
Aotearoa, un periplo de los gordos. Parte 2, la cocina neozelandesa.
Nos habíamos quedado en que la historia de Nueva Zelanda es todavía joven, fogosa, orgullosa de su propia identidad como "kiwis": mitad británica y mitad maorí; mitad cosmopolita, mitad cerrada a las interferencias extranjeras; mitad protestante y mitad animista; mitad y mitad en todo. Una dicotomía en toda regla, de extraños opuestos en equilibrio.
Y con su cocina ocurre algo parecido pero para entenderlo hay que tener presente la clase de británicos que llegaron a sus costas en el siglo XIX.
Es mundialmente conocida su gastronomía, sus vinos y su panadería y así lo creía yo cuando llegué. Dadas las condiciones climatológicas de las islas, la calidad de sus frutas y verduras no tienen igual en todo el mundo. Y lo digo desde mi casa murciana, conocida como "la huerta de europa". Tierras tan fertiles, aguas tan puras y poca agricultura intensiva hacen que cojas un tomate y de lo enorme que es creas que viene del espacio exterior. Y además está bueno, sabe a tomate. Y solo como ejemplo!

El problema aquí es que, como podeís ver en este par de fotografías, apenas nadie se para a comprarlas. No son caras, al menos no todas, pero no las comen. Solo veías población asiática y germana comprando. Digo germana porque tras la II Guerra Mundial, NZ se convirtió en un asilo para aquellos que huyeron del reich y a día de hoy, la población germana en Wellington alcanza casi la quinta parte de la población total en la capital.
Pues qué comen, entonces, los kiwis?
Pues nada bueno, francamente. Es tal la cantidad de productos procesados, envasados, enlatados y llenos de aditivos a simple vista nocivos que te planteas si es que están mal de la cabeza.
Y es que, recordad, aquellos primeros colonos británicos no eran presidiarios ni foragidos, eran nobleza y clase media-alta, snobs con sirvientes a los que ordenaban servir comidas típicas del norte de europa. Y no era buena comida. En lugar de aprovechar lo que NZ ofrecía, siguieron optando por la comida británica -empanadas y guisos de carne- y asíatica -procedente del periodo imperial-.
Eso si, una cosa que me encontré fueron las grandes cantidades de ingredientes específicos de repostería que tanto cuestan encontrarse en España: extractos, esencias, colorantes líquidos y en gel, glucosa, fondant, cremor y ácido tartárico, golden syrup, diferentes tipos de azucares, mogollón de frutos secos y frutas escarchadas ideales... Lástima que por cosas de aduanas solo pude traerme un par de esencias y alguna que otra cosilla más, como el famoso Mixed Spice británico. Esa espécia que es una mezcla de especias en sí misma y que huele de maravilla!
Pues bien, el caso es que, a día de hoy, tienes influencias de toda asia y europa en su comida, pero no existe una gastronomía TI-PI-CA-MEN-TE neozelandesa como tal. Solo materia prima excelente poco o mal aprovechada.
Pero hay algo que si que comen.
Vaca. Concretamente de la clase Angus, originaria de Irlanda.
Mucha vaca. Muchísima vaca. Y en cantidades industriales.
Dada la cantidad de vacas que residen en las islas, Nueva Zelanda tiene el grosor más delgado en la capa de ozono de todo el planeta -y lo aprendimos tras torrarnos mucho el primer día, a partir del segundo, protector factor 50-.
Muchas vacas.
Vacas, vacas everywhere!! Por todas partes, vacas!
Y claro, todo lo celebran con una barbacoa. Y no un par de fileticos y ya, no. Sacos de salchichas de vacuno por kilos y por metros. Estantes y estantes llenos de carne procesada. Bandejas y bandejas de vaca hasta donde la vista alcanza. Apenas media estantería para el cordero, el pollo y ¿pescado? Nop. No hay pescado. Solo algunas piezas de ahumados. Cero. Nada. Increíble pero cierto.
¿Están gordos los kiwis? Si y no. Gordos están los maoríes, pero por cuestiones tradicionales. Los pakehas -"hombre blanco"- están todo el santo día haciendo ejercicio. O bebiendo cerveza, pero esa es cuestión aparte. ¿Sabíais que en NZ nacieron los de deportes de riesgo más extremos? Jetboat, trekking, extreme mountain bike, skydiving, rafting… y el bungy jumping, como el puenting pero rebotando. Pues a base de deporte queman la vaca.
"Pero no te enrolles más, cansina, ¿Cómo es la repostería neozelandesa?!"
Llegados a este punto, podemos afirmar que la base de su gastronomía consiste en carne, grasa y comida insípida procesada en exceso.
Pues la pastelería es igual, exageradamente grasienta, sin gusto y llena de aditivos. Con buena pinta? No siempre. Si no, fijaos en los "Red Velvet" de más abajo, que te vienen en un supermercao normal.
Por fortuna, no todo fué negativo respecto de la pastelería repostería en Wellington. Lo bueno, y lo mejor -que lo hay-, lo dejamos para mañana.
Gracias por leer hasta aquí!
Y con su cocina ocurre algo parecido pero para entenderlo hay que tener presente la clase de británicos que llegaron a sus costas en el siglo XIX.
Es mundialmente conocida su gastronomía, sus vinos y su panadería y así lo creía yo cuando llegué. Dadas las condiciones climatológicas de las islas, la calidad de sus frutas y verduras no tienen igual en todo el mundo. Y lo digo desde mi casa murciana, conocida como "la huerta de europa". Tierras tan fertiles, aguas tan puras y poca agricultura intensiva hacen que cojas un tomate y de lo enorme que es creas que viene del espacio exterior. Y además está bueno, sabe a tomate. Y solo como ejemplo!
El problema aquí es que, como podeís ver en este par de fotografías, apenas nadie se para a comprarlas. No son caras, al menos no todas, pero no las comen. Solo veías población asiática y germana comprando. Digo germana porque tras la II Guerra Mundial, NZ se convirtió en un asilo para aquellos que huyeron del reich y a día de hoy, la población germana en Wellington alcanza casi la quinta parte de la población total en la capital.
Pues qué comen, entonces, los kiwis?
Pues nada bueno, francamente. Es tal la cantidad de productos procesados, envasados, enlatados y llenos de aditivos a simple vista nocivos que te planteas si es que están mal de la cabeza.
Y es que, recordad, aquellos primeros colonos británicos no eran presidiarios ni foragidos, eran nobleza y clase media-alta, snobs con sirvientes a los que ordenaban servir comidas típicas del norte de europa. Y no era buena comida. En lugar de aprovechar lo que NZ ofrecía, siguieron optando por la comida británica -empanadas y guisos de carne- y asíatica -procedente del periodo imperial-.
| Ingredientes de un Tiramisú. Visto en un Hipermercado. Clic para ver más grande. |
Eso si, una cosa que me encontré fueron las grandes cantidades de ingredientes específicos de repostería que tanto cuestan encontrarse en España: extractos, esencias, colorantes líquidos y en gel, glucosa, fondant, cremor y ácido tartárico, golden syrup, diferentes tipos de azucares, mogollón de frutos secos y frutas escarchadas ideales... Lástima que por cosas de aduanas solo pude traerme un par de esencias y alguna que otra cosilla más, como el famoso Mixed Spice británico. Esa espécia que es una mezcla de especias en sí misma y que huele de maravilla!
| Y no son caros! Las esencias, a 2,96 NZD equivale a unos 1,70 € |
Pues bien, el caso es que, a día de hoy, tienes influencias de toda asia y europa en su comida, pero no existe una gastronomía TI-PI-CA-MEN-TE neozelandesa como tal. Solo materia prima excelente poco o mal aprovechada.
Pero hay algo que si que comen.
Vaca. Concretamente de la clase Angus, originaria de Irlanda.
Mucha vaca. Muchísima vaca. Y en cantidades industriales.
Dada la cantidad de vacas que residen en las islas, Nueva Zelanda tiene el grosor más delgado en la capa de ozono de todo el planeta -y lo aprendimos tras torrarnos mucho el primer día, a partir del segundo, protector factor 50-.
Muchas vacas.
Vacas, vacas everywhere!! Por todas partes, vacas!
| La especie temible conocida como "Vaca de Rio" xD Se ha declarado una sequía y los animalicos vienen al rio a beber. |
Y claro, todo lo celebran con una barbacoa. Y no un par de fileticos y ya, no. Sacos de salchichas de vacuno por kilos y por metros. Estantes y estantes llenos de carne procesada. Bandejas y bandejas de vaca hasta donde la vista alcanza. Apenas media estantería para el cordero, el pollo y ¿pescado? Nop. No hay pescado. Solo algunas piezas de ahumados. Cero. Nada. Increíble pero cierto.
¿Están gordos los kiwis? Si y no. Gordos están los maoríes, pero por cuestiones tradicionales. Los pakehas -"hombre blanco"- están todo el santo día haciendo ejercicio. O bebiendo cerveza, pero esa es cuestión aparte. ¿Sabíais que en NZ nacieron los de deportes de riesgo más extremos? Jetboat, trekking, extreme mountain bike, skydiving, rafting… y el bungy jumping, como el puenting pero rebotando. Pues a base de deporte queman la vaca.
"Pero no te enrolles más, cansina, ¿Cómo es la repostería neozelandesa?!"
Llegados a este punto, podemos afirmar que la base de su gastronomía consiste en carne, grasa y comida insípida procesada en exceso.
| No tienen mala pinta, verdad? No son caros, tampoco. Pero hay que leer sus ingredientes para alejarte huyendo de allí |
| Unos Red Velvet con una pinta bastante ¿sospechosa? x__x |
Por fortuna, no todo fué negativo respecto de la pastelería repostería en Wellington. Lo bueno, y lo mejor -que lo hay-, lo dejamos para mañana.
Gracias por leer hasta aquí!
lunes, abril 08, 2013
Aotearoa, un periplo de los gordos. Parte 1.
Mira que no escarmiento! Ni sé cuántas entradas tengo ya en borradores y no termino de concretar nada para publicar que me parezca bien y no, eso no está nada nada bien.
En primer lugar, qué gusto volver a casa tras volver del Fin del Mundo! Llegamos ayer tras casi 72 horas de viaje pero solo 2 días ¿como es eso? Hijosmios, los husos horarios, una noche larguíiiisima en un avión lleno de señores gordos, niños feos y garrulas desconsideradas que inclinan el asiento demasiado hacia atrás y no te dejan espacio salvo para acordarte de los hijos de la Gran Bretaña.
Wellington, Nueva Zelanda. ¿Y a cuénto de qué me he ido tan lejos?
Pues a lo que todos, a buscar un futuro mejor que España no garantiza. El problema es que ya no hay tierra sin plaga y aquel lugar, un verdadero paraíso natural, comienza a tener termitas y no hemos tenido suerte. Así que, dado que no podíamos volver antes (NZ tiene una legislación muy estricta sobre la inmigración, cualquiera que vaya, debe tener también billete de vuelta, de no tenerlo, no te dejan entrar en el país, entre otras muchas restricciones loquísimas).
El caso es que decidí aprovechar la estancia para aprender, ver, estudiar y aprovechar lo que la ciudad llamada así misma "The coolest little capital in the World" tenía que ofrecer.
Y es verdad que es cool y little, una ciudad pequeña, bonita, cuidada y universitaria. Verse en mitad de Cuba Street sin que haya alguien tocando, cantando o actuando es imposible! Y lo mejor es que todos lo hacen genial! Festivales, fiestas de barrios, mercadillos artesanales, y lo mejor de todo, un sentimiento de camaradería, generosidad, civismo y positivismo. Y eso, viniendo de España, se me hizo rarísimo! Todo el mundo te pregunta como llevas el día y lo raro es que de verdad les importa! Si no les contestas te cuentan el suyo! Me costó semanas no desconfiar de tanta amabilidad, jajaja!
El caso es que esa alegría y "hipsteridad" (si, ya me entendeis) se complementa con unas costas en mitad del pacífico acojonantes y una vegetación selvática casi salvaje, todo muy exótico y abrumador. No por otra cosa, estas islas se están haciendo un hueco en la industria cinematográfica aparte de que Peter Jackson vive aquí y El Señor de los Anillos y El Hobbit solo se podían rodar en un sitio como este.
He abierto este post con esa Parte 1 porque me gustaría profundizar en lo que he aprendido allí, lo bueno y lo malo, que también lo tienen y no es baladí. Esta primera parte solo será para poneros en contexto, la segunda, hablaré de su comida y del asunto "reposteril" que es el que me interesa contaros, bastante paradójico y curioso.
Para entender "lo malo" del pueblo "kiwi" hay que centrarse en su breve historia, que está siendo escrita a día de hoy.
En el 950 d.c. llegaron las primeras canoas maories, procedentes de otras islas del pacífico al territorio que vinieron a llamar Aotearoa "La Tierra de la Gran Nube Blanca", Nueva Zelanda. En 1769, el británico Capital James Cook llegó a las islas y comenzó el proceso de "colonización" que perdura hasta día de hoy dado que las negociaciones fueron de todo menos pacificas.*
*En España hay editada una trilogía literaria escrita por Sarah Lark muy costumbrista que refleja muy bien aquellos días en los que la colonización británica llegaba a costas neozelandesas. Recomendable para aquellos que quieran saber más pero con un punto literario muy ligero.
El pueblo maorí es de naturaleza beligerante, muy tradicional y cerrado al pueblo británico; aunque viven con ellos y entre ellos, apenas se han mezclado, prefieren vivir en sus reservas y tienen sus propias costumbres. Y a decir verdad, parecen mucho más "dignas" que las que he observado en el pueblo "pakeha" "hombre blanco", los kiwis de origen europeo.
Así, si alguno siguió el año pasado el mundial de rubgy, sabrá que ganó el equipo neozelandes conocido como los All Blacks y era famosa su forma de arrancar cada partido, un Haka de guerra que acojona a cualquiera y que, según la letra, te deja claro que no tuvo que ser fácil para los primeros británicos intentar residir aquí. El cómo lo consiguieron fué como siempre: dándole armas a nativos enfrentados y dejar que se mataran entre si hasta diezmarlos. Eso cabrea a cualquiera, o si no, mirad el Haka "Ka Mate", el canto guerrero que inbuye a los nativos en el espíritu de la guerra. No perdeos la letra, que vereis que ganas de salir a la calle a repartir leña!
Da igual cuántas veces lo vea, si lo representan hombres, mujeres o niños, siempre siempre sobrecoje. Y si llevan sus tradicionales tatuajes en rostro, brazos y cuerpo, ya os podeís hechar a temblar!
Esta lucha aún sin resolver en algunos territorios del país se resuelve en que los británicos que llegaron aquí no eran como los australianos o los norteamericanos, los primeros residentes eran ricos británicos que podían y querían permitirse una residencia en las colonias. Este snobismo inicial propició que la cocina neozelandesa se desarrollara basándose completamente en los gustos importados del viejo continente sin prestar atención a la riqueza natural del país en que residían. Esto ha evolucionado en una paradójica y extraña visión de la alimentación.
Pero eso os lo contaré en la próxima. Si habeis llegado hasta aquí leyendo y os ha parecido interesante, por favor, decídmelo! Gracias por estar ahí! Comentad!
En primer lugar, qué gusto volver a casa tras volver del Fin del Mundo! Llegamos ayer tras casi 72 horas de viaje pero solo 2 días ¿como es eso? Hijosmios, los husos horarios, una noche larguíiiisima en un avión lleno de señores gordos, niños feos y garrulas desconsideradas que inclinan el asiento demasiado hacia atrás y no te dejan espacio salvo para acordarte de los hijos de la Gran Bretaña.
Wellington, Nueva Zelanda. ¿Y a cuénto de qué me he ido tan lejos?
![]() |
| Centenario Cable Car en la ladera de Wellington, con vistas al Hook Harbour y la ciudad. |
Pues a lo que todos, a buscar un futuro mejor que España no garantiza. El problema es que ya no hay tierra sin plaga y aquel lugar, un verdadero paraíso natural, comienza a tener termitas y no hemos tenido suerte. Así que, dado que no podíamos volver antes (NZ tiene una legislación muy estricta sobre la inmigración, cualquiera que vaya, debe tener también billete de vuelta, de no tenerlo, no te dejan entrar en el país, entre otras muchas restricciones loquísimas).
El caso es que decidí aprovechar la estancia para aprender, ver, estudiar y aprovechar lo que la ciudad llamada así misma "The coolest little capital in the World" tenía que ofrecer.
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| Pequeño recodo del muelle de Wellington, Museo Nacional Te PaPa al fondo, verano en febrero. |
Y es verdad que es cool y little, una ciudad pequeña, bonita, cuidada y universitaria. Verse en mitad de Cuba Street sin que haya alguien tocando, cantando o actuando es imposible! Y lo mejor es que todos lo hacen genial! Festivales, fiestas de barrios, mercadillos artesanales, y lo mejor de todo, un sentimiento de camaradería, generosidad, civismo y positivismo. Y eso, viniendo de España, se me hizo rarísimo! Todo el mundo te pregunta como llevas el día y lo raro es que de verdad les importa! Si no les contestas te cuentan el suyo! Me costó semanas no desconfiar de tanta amabilidad, jajaja!
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| Underscore Orckestra, Gipsy Jazz tocando en mitad de Cuba Street. |
El caso es que esa alegría y "hipsteridad" (si, ya me entendeis) se complementa con unas costas en mitad del pacífico acojonantes y una vegetación selvática casi salvaje, todo muy exótico y abrumador. No por otra cosa, estas islas se están haciendo un hueco en la industria cinematográfica aparte de que Peter Jackson vive aquí y El Señor de los Anillos y El Hobbit solo se podían rodar en un sitio como este.
He abierto este post con esa Parte 1 porque me gustaría profundizar en lo que he aprendido allí, lo bueno y lo malo, que también lo tienen y no es baladí. Esta primera parte solo será para poneros en contexto, la segunda, hablaré de su comida y del asunto "reposteril" que es el que me interesa contaros, bastante paradójico y curioso.
Para entender "lo malo" del pueblo "kiwi" hay que centrarse en su breve historia, que está siendo escrita a día de hoy.
| Talla maorí en la roca del Lago Taupo, en el centro de la Isla Norte. |
En el 950 d.c. llegaron las primeras canoas maories, procedentes de otras islas del pacífico al territorio que vinieron a llamar Aotearoa "La Tierra de la Gran Nube Blanca", Nueva Zelanda. En 1769, el británico Capital James Cook llegó a las islas y comenzó el proceso de "colonización" que perdura hasta día de hoy dado que las negociaciones fueron de todo menos pacificas.*
*En España hay editada una trilogía literaria escrita por Sarah Lark muy costumbrista que refleja muy bien aquellos días en los que la colonización británica llegaba a costas neozelandesas. Recomendable para aquellos que quieran saber más pero con un punto literario muy ligero.
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| Detalle de canoa Maorí en el muelle de Wellington. El Waitangi Day celebra la primera Constitución y Firma de paz entre los maoríes y los colonos británicos. |
El pueblo maorí es de naturaleza beligerante, muy tradicional y cerrado al pueblo británico; aunque viven con ellos y entre ellos, apenas se han mezclado, prefieren vivir en sus reservas y tienen sus propias costumbres. Y a decir verdad, parecen mucho más "dignas" que las que he observado en el pueblo "pakeha" "hombre blanco", los kiwis de origen europeo.
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| Guerreros maoríes representado su danza de guerra. Pa cruzarse con ellos cuando no estaban representando! |
Da igual cuántas veces lo vea, si lo representan hombres, mujeres o niños, siempre siempre sobrecoje. Y si llevan sus tradicionales tatuajes en rostro, brazos y cuerpo, ya os podeís hechar a temblar!
Esta lucha aún sin resolver en algunos territorios del país se resuelve en que los británicos que llegaron aquí no eran como los australianos o los norteamericanos, los primeros residentes eran ricos británicos que podían y querían permitirse una residencia en las colonias. Este snobismo inicial propició que la cocina neozelandesa se desarrollara basándose completamente en los gustos importados del viejo continente sin prestar atención a la riqueza natural del país en que residían. Esto ha evolucionado en una paradójica y extraña visión de la alimentación.
Pero eso os lo contaré en la próxima. Si habeis llegado hasta aquí leyendo y os ha parecido interesante, por favor, decídmelo! Gracias por estar ahí! Comentad!
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| Mi maridín y yo en el lugar donde los Hobitts se escondían de los bichos negros a caballo (Nazguls! me gritan por ahí!) |
sábado, noviembre 03, 2012
Cupcakes de manzana y canela!!
Buenos días de noviembre!
Sigo sin ponerme al día en el blog. Lo siento mucho. A partir de ahora tendré un poco más de tiempo para dedicarle a mi mundo y mimarlo un poco; será que me he acostumbrado muy rápido a lo instantaneo de Facebook y el blog ya le supone un esfuerzo muy grande a mi impaciencia y mi déficit de atención ^__^.
Sigo sin ponerme al día en el blog. Lo siento mucho. A partir de ahora tendré un poco más de tiempo para dedicarle a mi mundo y mimarlo un poco; será que me he acostumbrado muy rápido a lo instantaneo de Facebook y el blog ya le supone un esfuerzo muy grande a mi impaciencia y mi déficit de atención ^__^.
A lo que vamos. Mi cocina huele de miedo. A bien, digo. Bueno, y a culo algunas veces por tener un gato en casa pero ahora no es el caso.
Canela. Manzana. Especias varias, horno. DE MIEDO.
La canela tiene ese algo que se me hace irresistible. Es como el chocolate, nunca tengo suficiente. Y la manzana lo mismo. De cualquier tipo, especialmente las manzanas verdes superácidas de principio de verano...
Por eso estoy enamoradisima de la pasta de manzana de HomeChef. La abrí con miedo y acabé chupando la cucharilla. Las encias retraidas y llorando de la acidez pero más feliz que un lagarto al sol.
El caso es que, aunque me gusta más improvisar que a un tonto un lápiz, con la nevera llena de manzanas me puse a buscar recetas por todos los libros que tengo y, qué casualidad, de nuevo el LOVE BAKERY de Samantha Blears estaba ahí para ilustrarme. No sé qué tiene ese libro que me resulta mágico.
Y encontré la receta. Pero la modifiqué porque estoy intentando quitarle "azúcar" a los cupcakes y tartas. Estoy cansada de probar mil y un cupcakes de mil sabores y que todos me sepan a azúcar (y algunos incluso conserven la textura arenosa, cosa que no me mola nada). Así que lo dicho, modifiqué la receta y me han quedado ACOJONANTES. Y no porque los haya hecho yo, es que he conseguido mi propósito, el bizcocho no es empalagoso, es suave y especiado. Y el buttercream es ácido y ligero con un puntito picante genial. Nada de azúcar por que si.
Ahí va la receta: CUPCAKES DE MANZANA Y CANELA
INGREDIENTES PARA 12 CUPCAKES.
125 gr. mantequilla pomada sin sal
150 gr. azúcar moreno
2 huevos L, a temperatura ambiente
200 gr. harina semi, para repostería
4 gr. levadura química
6 cucharadas de leche semi.
1 manzana, pelada y cortada a trocitos muy pequeños, de 4 mm. aprox.
1 cucharadita de canela
1/2 cucharadita de jengibre
1/2 cucharadita de vainilla en pasta
1 cucharadita de manzana en pasta
Horno a 180º, blanquear la mantequilla con el azúcar unos minutos. Añadir los huevos, de uno en uno incorporándolos bien y blanqueándolos siempre (es importante que la masa coja aire y lo mantenga).
Tamizar juntas la harina, la levadura, la canela y el jengibre y verter la mitad en la masa e incorporar bien. Añadir tres cucharadas de leche.Verter el resto de la harina, incorporar. Verter entonces las otras tres cucharadas de leche, la vainilla y la manzana en pasta. Incorporarlo todo bien pero sin batir demasiado. Al final, añadir los trocitos de manzana, apenas incorporarlos y verter ya la masa en los capacillos, 3/4 y al horno, entre 20 y 25 minutos, según los veais. Esta masa es oscura, por el azúcar moreno, así que no os asusteis del color, eh? Probad con un palillo para ver si sale seco, ya sabeis.
Cuando estén listos, sacadlos del horno y dejadlos en la llanda 5 minutos, reposando. Tras este tiempo, sacarlos a una rejilla a que se enfríen por completo.
INGREDIENTES PARA LA BUTTERCREAM
125 gr. de mantequilla pomada sin sal
250 gr. de azúcar glasé o icing sugar
1 cucharada de pasta de manzana (yo le puse casi dos, pero por que soy así de inconsciente ^_^)
1/2 cucharadita de canela
1/3 (una pizquita) de jengibre
1 cucharada de leche semidesnatada
Mezclar todos los ingredientes y blanquear bien. Luego metedlo en una manga con una boquilla al gusto. Yo le puse una estrellada grande (esta no tiene número, no sé de dónde la sacaría ^__^). Una rosa de buttercream, un poquito de canela y un trocito de manzana para decorar!! Ñam!! (me acabo de jampar otra, para desayunar!)
Y voilá!! Oler huelen genial, saber saben mejor. Los trocitos de manzana en la magdalena son lo mejor y el sabor ácido del buttercream es lo mejor. Y ya. Me voy, a ver si llego a darme un paseillo por Murcia capital y me da tiempo a visitar a las chicas de Loretta's o Tarta Ñam!!
sábado, octubre 13, 2012
Autumn Cupcakes!! Calabaza y canela! Y Pan Integral casero!
Uff!! Por fin saco un momento!
Tengo pendiente contaros todo lo vivido y pasado durante todo este mes de septiembre en la escuela Le Cordon Bleu Madrid, realizando el curso de Pastelería Básica de forma intensiva!! Menudo mes!
Y también el curso de modelaje genial con Carlos Lischetti!!
Pero apenas saco un momento! Casi no he terminado de llegar a casa todavía! Todo lleno de ropa, libros, apuntes y utensilios!!
Por eso hoy seré breve, prometo volver para contar lo anterior, pero no podía dejar pasar la ocasión de compartir una receta que probé ayer y que todavía tiene mi cocina envuelta en un olor genial, el de la canela y el pan recién hecho!
Y es que, si bien en Le Cordon Bleu no aprendimos panadería, es otra de mis asignaturas pendientes y me encanta poder sacar un rato para dejar leudar una buena masa panaria y luego... ñam! Pan recién hecho, casero y delicioso a más no poder!
Y claro, tanto tiempo sin hacer cupcakes... Total, que en la misma mañana me marqué una llanda de panes integrales y una docena de cupcakes de calabaza con un toque especiado increible!
Para el pan, utilicé una curiosa mezcla que encontré en Lidl. He de decir que no tengo uno cerca precisamente, así que no suelo ir por esa cadena. Y cuando lo hago, siempre acabo comprando alguna cosa rara para probar en casa, como una mezcla de harina integral de origen germano.
Pero apenas saco un momento! Casi no he terminado de llegar a casa todavía! Todo lleno de ropa, libros, apuntes y utensilios!!
Por eso hoy seré breve, prometo volver para contar lo anterior, pero no podía dejar pasar la ocasión de compartir una receta que probé ayer y que todavía tiene mi cocina envuelta en un olor genial, el de la canela y el pan recién hecho!
Y es que, si bien en Le Cordon Bleu no aprendimos panadería, es otra de mis asignaturas pendientes y me encanta poder sacar un rato para dejar leudar una buena masa panaria y luego... ñam! Pan recién hecho, casero y delicioso a más no poder!
Y claro, tanto tiempo sin hacer cupcakes... Total, que en la misma mañana me marqué una llanda de panes integrales y una docena de cupcakes de calabaza con un toque especiado increible!
Para el pan, utilicé una curiosa mezcla que encontré en Lidl. He de decir que no tengo uno cerca precisamente, así que no suelo ir por esa cadena. Y cuando lo hago, siempre acabo comprando alguna cosa rara para probar en casa, como una mezcla de harina integral de origen germano.
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| Pan integral casero... Yummi! ♥ |
La receta, del libro Pan de Xabier Barriga modificada para las proporciones de la mezcla de harinas:
500 gr. de harina integral marca Rivercote (mezcla de harina de trigo y de centeno y levadura seca)
375 ml. de agua templada
15 gr. de levadura fresca
9 gr. de sal
2 cucharadas de aceite de oliva
Usando la kitchenaid (ay qué maravilla, de verdad, qué lujazo mi pequeña!!), mezclar todos los ingredientes secos, remover con el gancho unos minutos a velocidad lenta. Mientras, desleir la levadura en unos 10 ml del agua. Verter entonces los líquidos (agua, aceite y levadura desleida) y amasar unos 5-7 minutos a velocidad media. Esta masa es muy densa y pesada, no se despegará fácilmente de las paredes del bol. Utilizar un poco de harina en las manos para desprenderla, hacer una bola en la mesa y dejarla reposar en un bol de plástico, cubierto por un paño húmedo, durante unos 30 minutos.
Pasado este tiempo, bolear, partir la masa en dos (o según gustos) y dar forma de barras sin punta. Humedecer la superficie de ambos panes. Yo utilicé para una de las masas, un molde "cake" de silicona, solo para comprobar las diferencias. La otra masa la coloqué al lado, sin molde. Ambos, sobre la bandeja que irá al horno posteriormente, se dejarán leudar en el rincón más cálido de la cocina (lo ideal es alcanzar los 20-24ºC) por un tiempo de 60 minutos.
Pasado este tiempo, bolear, partir la masa en dos (o según gustos) y dar forma de barras sin punta. Humedecer la superficie de ambos panes. Yo utilicé para una de las masas, un molde "cake" de silicona, solo para comprobar las diferencias. La otra masa la coloqué al lado, sin molde. Ambos, sobre la bandeja que irá al horno posteriormente, se dejarán leudar en el rincón más cálido de la cocina (lo ideal es alcanzar los 20-24ºC) por un tiempo de 60 minutos.
Pasado este tiempo, llevaremos nuestra bandeja con las masas al horno, previamente calentado a 250º con un cuenco con trapos mojados (para provocar vapor). Conviene humedecer con agua las masas con un pulverizador antes de entrar en el horno, así crearán una corteza crujiente. Para eso sirve el vapor de los trapos. Una vez en el horno, bajar la temperatura a 190º y dejar hornear durante unos 35 minutos orientativamente.
El resultado es increible. Solo decir que uno de los panes cayó el mismo día (en casa solo somos dos) y el segundo nos lo estamos terminando ahora mismo ^___^
El resultado es increible. Solo decir que uno de los panes cayó el mismo día (en casa solo somos dos) y el segundo nos lo estamos terminando ahora mismo ^___^
Y ahora si, Autumn Cupcakes o Cupcakes de Calabaza y Frosting especiado!
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| Frosting delicioso, el de queso, canela y genjibre ♥ |
Resulta que La Tila anda por en New York, y la muy sinverguenza, anda paseandose por todas partes, cámara en mano, haciendo de las suyas. La última, colarse a comer cupcakes de calabaza en el mismísimo Magnolia Bakery así que me dije: "oyes, ahora que es el tiempo, qué tal calabaza?"
Y con su permiso y el de todos los que lo hicieron antes que yo, me puse a buscar una receta de calabazas en todos los libros que colonizan mi pequeño apartamento. Y no encontré ninguna que me convenciera totalmente, así que tomé un poco de cada ^_^
Y con su permiso y el de todos los que lo hicieron antes que yo, me puse a buscar una receta de calabazas en todos los libros que colonizan mi pequeño apartamento. Y no encontré ninguna que me convenciera totalmente, así que tomé un poco de cada ^_^
Y me han quedado riquísimos!!
Ahí va la receta para 9 cupcakes!
Ahí va la receta para 9 cupcakes!
Ingredientes para el bizcocho:
55 gr. de mantequilla pomada
120 gr. de azúcar moreno
1 huevo L
1/2 cucharadita de esencia de vainilla (me he enamorado de la vainilla Bourbon de Nielsen Massey! No es como una rama de vainilla pero se le parece mucho!)
50 gr. de puré de calabaza fresca.
50 gr. de puré de calabaza fresca.
120 gr de harina normal
1/2 cucharadita de levadura química
1/2 cucharada de canela en polvo
1/2 cucharada de jengibre
60 ml. de buttermilk
Y ya sabeis, precalentar el horno a 160ºC, blanquear la mantequilla con el azúcar hasta que suavice, añadir el huevo y batir hasta blanquear. Añadir la calabaza y batir hasta ligar bien. Tamizar la harina con las especias y la levadura y verter en tres veces en la masa, alternando con dos veces de buttermilk. Cuando esté todo bien ligado, verter 3/4 en capacillos y al horno unos 25 minutos. Cuando estén, sacar a rejilla y dejar enfriar por completo.
Mientras, preparar el frosting:
Ingredientes para el frosting:
88 gr. de crema de queso cremoso "full fat"
225 gr. de azúcar glas
65 gr. de mantequilla pomada
1 cucharadita de canela
1/2 cucharadita de jengibre
Verter todo en el bol y batir hasta que tengamos un icing suave, cremoso y sin grumos de mantequilla. Preparar una manga con boquilla rizada (yo he utilizado la boquilla francesa) y verter dentro. Guardar en la nevera hasta que los cupcakes estén completamente frios.
Para decorarlos, hice unas hojitas y unas calabazas con un poco de fondant y colores otoñales y Voilá!
Unos cupcakes riquísimos, especiados y suaves, otoñales y que, gracias al jengibre, ya nos vienen diciendo que el año se acaba y que Winter is coming... Para decorarlos, hice unas hojitas y unas calabazas con un poco de fondant y colores otoñales y Voilá!
Espero que os gusten, os recomiendo muy mucho que los probeis! O que visiteis Magnolia Bakery si no os apetece hacerlos! ^__^
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